
Muchos gays y lesbianas se obsesionan tanto con la idea de envejecer que están dispuestos a pagar un precio muy alto durante sus mejores años solo para garantizarse una pareja antes de llegar a la jubilación. Otros se enfrascan en un enfermizo retroceso a la adolescencia negando que las canas han llegado. Pero ni una cosa ni la otra nos van a salvar de enfrentar el llamado de la edad y todo lo que eso conlleva. Hoy en día el estilo de vida de gays y lesbianas no es tan distinto al heterosexual y la rapidez con que las relaciones se disuelven es casi la misma, con la desventaja de que al ser minoría se limitan nuestras posibilidades en el mercado del amor y la compatibilidad. Tampoco tendremos hijos propios o adoptivos tan fácilmente, pues ni siquiera las lesbianas gozan de este derecho debido a que la fertilización in vitro aún no es legal en Costa Rica.
Conversando con un amigo al que llamaré Pedro y cuya edad supera los 65 años, me percate de que las generaciones venideras cuentan con más posibilidades de tener una vejez digna si saben trabajarlo desde ahora. Para Pedro, su generación vivió tiempos más represivos donde "salir del closet" no era una alternativa fácil. Muchos de sus conocidos gays optaron por una vida en pareja heterosexual porque fueron "pendejos" como él mismo lo afirma. Conforme el tiempo pasó sus lazos de amistad quedaron reducidos a dos o tres amigos con los que comparte un estilo de vida en común. Hoy en día Pedro confiesa que ha tenido que reforzar sus nexos con personas mucho más jóvenes, con la constante problemática de lo efímero cuando hay un choque generacional.
Aunque hoy los tiempos han cambiado en materia de derechos y libertades civiles y resulta más sencillo salir del closet que antes, existe una primera generación de gays y lesbianas que son más propensos a no poder encontrar una pareja y cuentan con menos grupos de apoyo. Quizá sus padres ya no están y sus hermanos tienen sus propios núcleos familiares. Sin hijos, padres ni pareja y con muy pocos amigos, estos gays y lesbianas de la tercera edad consideran que pocas veces nos preocupamos por construir nuestra propia "camada" mientras aún vivimos el sueño de la eterna juventud.
Quizá Pedro tenga razón cuando afirma que al no contar con las estructuras de apoyo que los heterosexuales disfrutan, deberíamos trabajar nuestro propio concepto de familia bajo una perspectiva menos ortodoxa. Lo que muchos han denominado "familias alternativas" pareciera ser la solución para garantizar que nunca estaremos solos en el futuro. Es decir, amigos cercanos y confiables que al igual que nosotros tienen el orgullo y la disposición de compartir la experiencia de toda una generación que salió del closet casi al mismo tiempo.
Nos vemos en 30 años...







